DONDE LA NATURALEZA SE CONVIERTE EN MAESTRA

CSFACIUDAD REAL, Destacados

Hoy queremos tener presente el Día Internacional de las Montañas, esos gigantes de piedra que permanecen en silencio en nuestras cordilleras.
Una montaña, con su presencia imponente y serena, es como una persona que ha aprendido a sostenerse con resiliencia frente al paso del tiempo y las inclemencias. Las montañas no se doblegan fácilmente: erosionan, cambian, se transforman, pero mantienen un corazón firme que sabe esperar y resistir. En ellas vemos un espejo de nuestra propia condición humana.

Al igual que una persona, una montaña tiene su ritmo, su saber estar. No necesita correr para demostrar nada, ni alzar la voz para hacerse notar. Su fuerza radica en la constancia silenciosa, en la manera en que se mantiene fiel a sí misma, ofreciendo refugio, caminos y horizontes a quienes se acercan con respeto. La belleza de una montaña no es solo la que percibimos con los ojos; es la que sentimos en el pecho cuando, al subirla, descubrimos que cada paso nos transforma.

San Francisco de Asís, que vio en la naturaleza una hermana querida y una maestra espiritual, nos recuerda que todo lo que existe es un don. Hablaba de las criaturas como compañeras de viaje, y de la tierra como una madre que nos nutre. Las montañas, con su majestuosidad humilde, forman parte de este legado: nos enseñan gratitud y reverencia. Nos invitan a reconocer que no somos propietarios del mundo, sino huéspedes temporales de un bien inmenso.

Cuando levantamos la mirada hacia una cima, comprendemos que la grandeza no es cuestión de poder, sino de profundidad. La montaña nos dice que la verdadera altura nace de raíces fuertes, de un corazón tranquilo, de una vida que sabe escuchar. Nos recuerda que el camino hacia arriba siempre es posible, aunque sea lento; y que cada esfuerzo, cada respiración, cada tramo del camino es ya una forma de agradecimiento.

Por eso hoy queremos celebrar su resiliencia, su presencia y su belleza, que no caduca. Y, siguiendo el espíritu de San Francisco, damos gracias por este regalo inmenso que se nos ha confiado y que tenemos el deber de amar, proteger y honrar.