Hoy es Navidad, un día esperado, cargado de simbolismo y de emociones que a menudo nos llegan casi sin darnos cuenta.
Mientras el mundo se detiene por un instante y los hogares se llenan de luces, reencuentros y recuerdos, también nosotros estamos invitados a mirar hacia dentro y a reconocer el regalo más profundo que este día nos ofrece: la certeza de que Dios vuelve a hacerse presente entre nosotros y renueva la esperanza en nuestro corazón.
La Navidad nos recuerda de manera silenciosa que la luz puede nacer incluso en las noches más oscuras y que, en medio de las prisas y preocupaciones, todavía hay espacio para la paz, la bondad y la esperanza.
Por eso, en este día tan especial, queremos imaginar juntos un belén que no solo decore, sino que inspire; un belén que hable del mundo que queremos construir y en el que no puede faltar:
Una cueva bien grande, para acoger a todas aquellas personas que no tienen a nadie y lo pasan mal.
Un puente largo, de esos que hacíamos sobre un río de papel de plata (los más modernos ya son de agua), para reencontrarnos con quienes nos hemos disgustado.
Una estrella de Navidad brillante, para que todos tengan un motivo para seguir adelante.
Un buen grupo de pastores en el portal, porque sin comunidad, sin contar con los demás, no podemos construir un mundo mejor.
Con un belén así, seguro que Jesús puede nacer en nuestro corazón.
Estas palabras hoy cobran un sentido especial y nos recuerdan que la Navidad es mucho más que una celebración; es una invitación a la ternura, al reencuentro, al perdón y a la esperanza concreta que se convierte en gesto y actitud.
Hoy, cuando seguramente tantas personas compartirán mesa, llamadas, abrazos o silencios llenos de significado, también nosotros podemos dar un pequeño paso hacia ese mundo mejor que todos deseamos.
Si acogemos a alguien que lo necesita, si extendemos una mano hacia quien nos hemos distanciado, si ofrecemos una palabra amable o un tiempo generoso, estaremos construyendo ese belén vivo y profundo que da sentido a esta fiesta y que permite que la luz de Jesús continúe iluminando nuestro mundo.
Que este 25 de diciembre nos traiga paz, serenidad y una luz capaz de iluminar los días que vendrán; que nos renueve por dentro y nos impulse a sembrar, cada día, un poco más de humanidad y amor.
¡Feliz Navidad!

